La Pachamanca es mucho más que un método culinario, es un ritual y una celebración pagana ancestral en la sociedad peruana. La palabra “Pachamanca” proviene de las palabras quechuas “pacha”, que significa tierra, y “manca”, que significa olla; lo que se puede traducir como “olla de tierra”. Este nombre viene cargado de simbolismo y habla mucho sobre la relación sagrada entre el pueblo incaico y la Madre Tierra, también conocida como Pachamama.
Aquí entra uno de los mitos más antiguos del Perú: el mito de Pachamama. Según este mito, Pachamama era considerada una diosa generosa pero también exigente. Ella daba alimentos a sus hijos (los habitantes Incas), pero a cambio esperaba respeto por su cuerpo, es decir, por la naturaleza.
Se dice entonces que nació así la tradición de cocinar alimentos directamente bajo tierra como una ofrenda a Pachamama para dar gracias por los alimentos proporcionados durante todo el año. Los incas creían firmemente en esta reciprocidad con su entorno natural.
Entonces para preparar pachamanca se debe cavar primero un hoyo en el suelo representando entrar al vientre materno; dentro del hoyo se colocan piedras calientes hasta convertirse en fogón donde irán los distintos tipos de carnes sazonadas junto con tubérculos andinos envueltos en hojas.
Finalmente todo es cubierto nuevamente con tierra formando una especie montículo parecido a un útero cerrado dejándose cocer todo lentamente por varias horas.
La leyenda cuenta que al abrir el montículo de tierra, se está renaciendo desde el vientre de la Pachamama, como un agradecimiento y una renovación de vida.
Así, aunque no hay una historia o mito específicamente ligado con la pachamanca en sí, este método culinario milenario funciona como un ritual sagrado y simboliza la filosofía andina del ‘dar para recibir’, evidenciando la profunda relación del pueblo incaico con su entorno natural.

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